No existen sanadores, sí personas, pequeños-grandes guías y maestros que nos ayudan a avanzar, a reconocer y aprovechar nuestro potencial, a encontrarnos a nosotros mismos, a ser autosuficientes y alegres. Libres. Sin miedo.

jueves, 24 de mayo de 2012

Pensamientos Filosóficos I, II y III


Pensamientos Filosóficos I
No creo que el ser humano sea bueno por naturaleza, sino que podemos serlo. Ahí radica la grandeza: a pesar de ser capaces de las peores cosas por satisfacer nuestras necesidades y deseos, podemos elegir hacer las mejores. Nuestras elecciones, nuestro esfuerzo y nuestras acciones son las que determinan quiénes somos, no nuestra especie, raza, género o familia.
Somos individuos, peculiares y únicos, que vivimos en sociedad por convención y necesidad. Necesitamos al otro para reconocernos a nosotros mismos en él y a la vez lo repudiamos por ser el límite de nuestra libertad. Somos seres sociales-antisociales.
Nuestro mundo se configura por la manera en que tenemos de ver, comprender y reaccionar ante la vida. Nuestra verdad es la Verdad y la del otro ha de coincidir con ella o estará equivocada. Pero, en realidad, la historia y la biología nos han demostrado que la originalidad, ya sea en el pensamiento o en los organismos, lleva a la evolución. Por el contrario, la pasividad, el mimetismo, el proceso de hibernación sólo nos conducen a la muerte, creativa, moral y vital.
Las masas dan seguridad, pero cuando el depredador ataca, los débiles quedan atrás y son devorados por la maquinaria. ¿Qué ocurriría si no hubiera individuos débiles en la manada? ¿Y si un bisonte cargara contra la leona?
Somos ingenuos hasta que optamos por caminar por nuestra cuenta y hacernos responsables de las consecuencias de nuestras elecciones; la libertad conlleva responsabilidad. ¿Cuáles son nuestras prioridades?

 
Pensamientos Filosóficos II
No juzgues a nadie por lo que aparenta, ni siquiera por su currículo, sino por sus acciones y compromiso. Nunca te creas mejor que nadie, ni te midas a su lado, todos somos distintos y cada uno de nosotros es una pieza clave en el mundo que puede aportar mucho. Tener un título, e incluso varios, no significa nada, sólo son unos conocimientos aprendidos bajo un estudio reglado, un papel colgado en la pared. Nadie es mejor por ello, ni debe mirar por encima del hombro a los que no han podido permitírselo, o por decisión propia han decidido seguir otro camino. La valía de un individuo no sólo se mide como nos han enseñado en el mundo actual, la inteligencia es la que nos mantiene vivos en cualquier circunstancia, el conocimiento es aquello que aprendemos, ya sea estudiando en una institución con maestros como de forma autodidacta, y la sabiduría es entender que todo proviene del interior y cada ser vivo posee una virtud tan valiosa como el mismo universo. Nunca infravaloréis nada ni a nadie, pues por las creencias y el orgullo podéis dejar pasar una oportunidad realmente valiosa.

Pensamientos filosóficos III
Las personas de buen corazón existen. Después de crecer acorralada por el egoísmo, la envidia y las luchas de poder, es curioso el darte cuenta de que realmente hay personas buenas, aquellos a quienes no les importa tu pasado ni tu futuro, sino quien eres en ese momento, y a pesar de que lleves mala cara, ropa ajada o reniegues más de lo necesario, te sonríen porque ven más allá, porque pueden atravesar esa capa de melancolía y amargura para reconocer quién eres, aunque tú todavía no lo sepas.
Es cierto que en el mundo y en la época en la que nos ha tocado vivir, usualmente damos con más corazones hambrientos y envidiosos que aquellos que están colmados de amor y, por ese motivo, no necesitan nada más. Es verdad, no puedo negarlo. Pero también es cierto que sólo es necesario un buen corazón para cambiar tu vida y que la luz ilumine tu sendero.
La gente cambia, sin importar su edad, su condición, procedencia o género, sólo es necesario desearlo y dar el paso. ¿Es duro? Por supuesto, todo cambio nos hace temblar por el “qué vendrá después”, toda evolución es como un terremoto que remueve nuestro mundo y, en muchas ocasiones, muda las cosas de lugar, e incluso, las pierde. Pero si algo desaparece o se aleja de tu vida con la mutación, en realidad es que ya no lo necesitabas, y respiras tranquilo porque un peso te abandona para atraer aire fresco.
En mi vida han actuado toda clase de personas, desde egoístas a quienes no les importaba que les ocurriera a los demás con tal de obtener sus deseos, envidiosos que eran capaces de calumniarte y destruirte sólo por un poco más de atención, hasta ambiciosos que pueden pisotear hasta a su madre para alcanzar el poder, todos ellos personajes que nunca tienen suficiente y, al cabo de los años, reconoces en sus ojos la soledad y la infelicidad que les incita. Pero también existen personas quienes, tras haber visto su error, se han convertido en verdaderos guías y ángeles para los demás quienes, a pesar de las piedras que abarrotan su camino, no se dan por vencidos. Los primeros me han obligado a crecer, los segundos me han empujado hacia mis sueños y me han ayudado a seguir el camino alentándome a cada paso. Los necesitamos a ambos y gracias a los dos grupos somos quienes somos.
Es por ese motivo que da igual quien necesite ayuda, sea tu amigo o tu enemigo, si está en tu mano, tiéndesela. Lo más probable es que las personas del primer grupo no lo entiendan en ese momento, pero tú serás el maremoto que haga emerger a la superficie aquello que se mantenía oculto en las fosas abisales de sus almas.
No deberíamos olvidar nunca la frase que tantas veces nos han repetido nuestros mayores “de lo que se siembra se cría”. Quizá tu ayudes a alguien y este no te devuelva el favor, pero esa persona ayudará a otro y, tranquilo, cuando tú lo necesites, no faltarán manos.

Isabel del Río, Barcelona 2012

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