No existen sanadores, sí personas, pequeños-grandes guías y maestros que nos ayudan a avanzar, a reconocer y aprovechar nuestro potencial, a encontrarnos a nosotros mismos, a ser autosuficientes y alegres. Libres. Sin miedo.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Vegetando un rato: los mitos sobre las proteínas

Sois muchos los que me preguntáis, entre otras cosas, de dónde sacamos las proteínas los vegetarianos. Y normalmente, siguiendo enseñanzas socráticas, yo os reboto el interrogante con un: ¿De dónde las sacaban nuestros antepasados? Y no me remonto a la época de las cavernas, sino a nuestros abuelos y bisabuelos. Si nos fijamos, no comían diariamente carne o pescado, a veces se pasaban semanas sin probarlo o, como me cuenta mi abuelo, le enseñaban el hueso al caldo para ver si cogía sabor. Pero justamente son esas generaciones las que han llegado a centenarias, mientras que las actuales enferman muy jóvenes de dolencias cardíacas, cáncer, diabetes...
Un proverbio africano dice que será la gula del hombre blanco, que come cada día carne, la que terminará con el mundo.
Yo no soy vegana,  es decir, también consumo productos de origen animal como la miel, los huevos y el kéfir, pero puedo pasar días y semanas alimentándome sólo con productos de origen vegetal. Cocino con lo que tengo en casa, y lo que nunca faltan son verduras y frutas de temporada, legumbres y cereales integrales, semillas y frutos secos, especias, hierbas, sal marina, vinagre de manzana, Miso y aceite de oliva. Y con eso puedo hacer mil platos distintos, con sabores increíbles y repletos de lo que necesitamos para vivir sanos y con alegría: vitaminas, minerales, proteínas, carbohidratos, grasas saludables... 
¿Sabéis cuantas proteínas contiene un puñado de nueces? Este fruto seco se ha puesto de moda por el súper publicitado Omega 3, pero es una fuente de proteína superior a la carne roja que, al contrario que ésta última, protege nuestro corazón.
Aquí es cuando viene el: "pero me han dicho que los frutos secos engordan". Todo lo que entra por nuestra boca engorda. Incluso beber agua puede hincharte como una pelota o comer lechuga puede hacer que te crezca panza. La clave está en la variedad y en conocernos a nosotros mismos. 
Los vegetarianos no sólo comemos lentejas y nueces para conseguir proteínas, sino que tenemos a nuestro alcance un amplio abanico de posibilidades y combinaciones que aseguran la ingesta necesaria de los elementos que necesitamos a diario. Pero como todo, si no has nacido en una familia vegetariana, necesita un estudio; para aprender que para asimilar correctamente el hierro has de combinarlo con vitamina C, por ejemplo. Y averiguar cuáles son los alimentos que no te sientan bien.
El primer síntoma de que algo no va bien es la hinchazón, la mucosidad y las digestiones pesadas. Si cada vez que comes algo, da igual que sea vegetal o animal, tienes alguno de estos síntomas de alerta, deberías eliminarlo de tu dieta, al menos hasta que sepas si realmente te causa intolerancia o alergia.
Volviendo al tema de la proteínas. Llevo siendo vegetariana más de 11 años. He estado embarazada y todavía doy el pecho a mi hijo. En estos años nunca he tenido anemia —cuando comía carne sí la sufría—, ni tengo falta de vitamina B12, ni de ningún otro mineral o vitamina, y mis niveles de colesterol y azúcares en sangre son los correctos. Además me mantengo en mi peso sin esfuerzo y voy al baño a diario —cosa que antes de cambiar mis hábitos nutricionales no sucedía. 
Mi hijo fue vegano durante su primer año y medio de vida y, desde antes de los 6 meses, ya comía trozos de verdura y fruta fresca o al vapor. La única fuente animal de su alimentación era la leche materna. A partir del año y medio empezó a comer carne, pescado y huevos porque a él le apetecía probarlo, y ahora come lo mismo que nosotros, es decir, hay días que es vegano, otros ovo-lácteo vegetariano y otros, en casa de sus abuelos por ejemplo, come lo que hay. Pero si le preguntas qué le apetece, siempre dice que pepino, apio, brócoli, arroz...
Yo no como carne, mi pareja sí y mi hijo también, pero de forma responsable y consciente, es decir, a sabiendas de dónde procede lo que comen y lo que significa. A mi hijo le enseño de donde viene la pechuga de pollo, las salchichas del país o los huevos. 
Y por supuesto, cuando vienen invitados a casa, lo primero que pregunto son las intolerancias y las alergias. Si viene un celiaco hago comida para celíacos, si a alguien no le sienta bien el tomate o el pepino, esas hortalizas no estarán en la mesa, y si a alguien le apetece mucho el pescado, preparo mi receta de merluza al horno. 
En resumen, las proteínas se pueden conseguir de muchas fuentes distintas y no tenemos porqué engordar o tener una carencia por ser vegetarianos. Lo que sí es necesario es que te documentes, que pases de la publicidad y de lo que quieren las grandes empresas que creamos y, si es necesario, consultes con un especialista en nutrición de visión amplia. Porque hay de todo, e igual que la primera pediatra de Max me decía que no le diera el pecho, porque al ser vegetariana no le alimentaba, y que le diera biberón —algo que le causó cólicos durante dos meses, hasta que se lo quité y cambié de pediatra—, os podéis encontrar con nutricionistas que crean que para adelgazar sólo podéis comer pollo y pescado blanco a la plancha, y burguitos desnatados sin sal.

Isabel del Río

Noviembre 2016

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