No existen sanadores, sí personas, pequeños-grandes guías y maestros que nos ayudan a avanzar, a reconocer y aprovechar nuestro potencial, a encontrarnos a nosotros mismos, a ser autosuficientes y alegres. Libres. Sin miedo.

lunes, 20 de febrero de 2017

Reseña de "Las Bocas de la Montaña" por el periodista y escritor Albert Calls

Del encuentro entre la autora Isabel Del Rio y Ediciones Atlantis ha salido el libro ‘Las Bocas de la Montaña (El Señor del Viento)’, una novela en la que los referentes se hallan por doquier y cuántos más buscas más encuentras. Nos hallamos ante una narración en la que se entremezclan el género fantástico con la magia y el suspense, el juego de rol y los referentes más próximos del cómic contemporáneo, desde Stephen King hasta el Mago de Oz, pasando por el mejor Neil Gaiman, entre otros.
Cruzar al otro lado del espejo –otro referente, la Alicia de Lewis Carroll– ha sido siempre uno de los retos predilectos de los autores de género fantástico. Y cómo no, también de Isabel del Río (Barcelona, 1983), creadora de un interesante legado narrativo en este ámbito –‘Casa de títeres’ (2008); la bilogía ‘La Casa del Torreón’ (2010 y 2012) o ‘La Vidente de la Luna Llena' (2015 y 2016, en edición en catalán y en castellano), además de otras obras y de una incansable labor como editora cultural al frente de Otros Mundos, sello del que han salido interesantes antologías de género fantástico como ’20 relatos del fin del mundo’ o ‘Sueños’.
En ‘Las Bocas de la Montaña’, el lector se encuentra ante un adictivo juego de rol del que rápidamente pasa a formar parte integrante. La autora sabe construir un universo que en algunos momentos también nos retrotrae al director de cine de animación Miyazaki –otro referente–, con unos personajes que van creciendo con el objetivo de ayudar a la protagonista, Nicole y que se niegan a desaparecer al final del libro (¿habrá otro?).
Nicole viaja a las montañas para tratar de recuperar su vida, pero la aparición de la cara de un león blanco en la ventanilla del piloto asusta a la chica. Durante el ascenso hacia el lugar de reposo donde se dirigen se dejan entrever cosas extrañas. Y la espoleta que activará la acción hasta escenarios insospechados será la desaparición del padre, con el referente de un extraño ser en los bocetos de los dibujos que ha dejado.
No se puede dar más pistas para no desvelar sorpresa (‘spoilers’, vamos, la palabreja de moda).

El lector de este libro descubrirá capítulos rápidos y eléctricos, a través de los cuales la autora nos lleva a otros mundos poblados por extraños seres (algunos buenos, otros no tanto), lo que viene siendo su obsesión narrativa. “Hay otros mundos pero están en éste”, decía el poeta Paul Éluard. Isabel del Río nos muestra los que ella ha visto con su imaginación, para que los disfrutemos plenamente con la lectura.

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