No existen sanadores, sí personas, pequeños-grandes guías y maestros que nos ayudan a avanzar, a reconocer y aprovechar nuestro potencial, a encontrarnos a nosotros mismos, a ser autosuficientes y alegres. Libres. Sin miedo.

lunes, 17 de abril de 2017

Reseña de “La montaña de libros más alta del mundo” de Rocío Bonilla

TÍTULO: La montaña de libros más alta del mundo
TEXTO e ILUSTRACIONES: Rocío Bonilla
EDITORIAL: Algar

SINOPSIS
Lucas estaba convencido de que había nacido para volar. Miraba los aviones, intentaba fabricarse alas de todo tipo, ¡incluso pidió poder volar como regalo de Navidad! Pero nada parecía funcionar... Un día, su madre le explicó que había otras formas de cumplir su sueño y le puso un libro en las manos. Ese mismo día, sin darse cuenta, Lucas empezó a volar...

OPINIÓN
El amor por los libros es algo que me ha acompañado desde niña. Cuando me preguntan qué me motivó a leer o quién me empujó hacia la literatura, la verdad es que no sé dar muchos referentes; mi padre sólo leía revistas divulgativas y diarios, mi madre recetas de cocina y patronaje, mis abuelos no tenían tiempo de leer, pues siempre estaban atareados de un lado a otro cuando estaba con ellos... Aunque si retrocedo a mi infancia, sí recuerdo historias, quizá no estaban publicadas en papel, o no eran los típicos cuentos que se explican a los niños, pero recuerdo que hicieron volar mi imaginación muy alto, hasta lugares recónditos y exóticos, donde la magia era posible y la oscuridad se confundía a veces con la luz. Recuerdo a mi abuelo afilando la guadaña y contándome leyendas, a mi tía explicándome historias de la biblia, así como los cuentos de terror que compartíamos e inventábamos los niños del pueblo, apoyados en un muro, atemorizados por lo que pudiera asaltarnos en plena noche.
Esos fueron mis inicios, incluso antes de saber leer y escribir. Y cuando descubrí los libros encontré en ellos la vía de escape perfecta, al amigo fiel, el amor ideal, la aventura apasionante, miles de vidas que nunca terminaban y daban sentido a las palabras “reencarnación” y “eternidad” que había escuchado en los relatos de mis mayores.
Ahora, como madre, miro a mi hijo y me doy cuenta de lo sencillo y lo complicado que es inculcar el hábito de la lectura. Es cierto que a veces basta con hacerlo tú mismo, es decir, si te ven leer, ellos harán lo propio. Es tan fácil como dejar cuentos y libros atractivos a su alcance, llevarlos a librerías y bibliotecas para que ojeen, leerles y contarles cuentos, etc. Pero a veces, la cosa se complica, pues no siempre disponemos de tiempo para hacer todo eso, quizá leemos, pero no cuando ellos están presentes, o pasan más tiempo entre la escuela y la casa de sus abuelos que con nosotros y, por ello, no podemos controlar el ambiente y los referentes que llegan a ellos.
Yo tengo suerte, pues, al menos por ahora, mi trabajo en el mundo literario y como terapeuta me han permitido cuidar de mi peque, leerle a diario y nutrir una buena biblioteca a su alcance, y mientras escribo esta reseña, él está aquí mismo, ojeando un ilustrado y explicándome la historia a su manera.
Y de ese ilustrado que tiene entre las manos quería hablaros hoy, de un libro que habla precisamente de todo este parrafón que os he soltado: del amor por la literatura; de la capacidad de volar con las historias; de la aventura que supone la lectura; de la motivación de cara a los más pequeños de la casa.
El nuevo cuento ilustrado de Rocío Bonilla, editado por Algar, se titula La montaña de libros más alta del mundo y trata sobre un niño que, por encima de todo, desea volar. Los años y cumpleaños pasan y, por mucho que lo desee, su anhelo no se ve cumplido; ni siquiera en Navidad le llegan unas alas como dios manda. Hasta que un día, su mamá le hace un regalo, le explica que para volar no es necesario tener alas, y le da un libro.
En este cuento descubrimos ese momento de enamoramiento y pasión, cuando encuentras el libro correcto en el momento oportuno y no puedes dejarlo ni para comer o dormir. Todo a tu alrededor desaparece porque estás inmerso en la lectura. Y eso es lo que le sucede al protagonista de este libro. Y un día, cuando ya está muy muy alto, encaramado en todas las historias que ha llegado a devorar, entiende las palabras de su madre, y es que con la lectura podemos volar lejísimos.
Recomendada a padres y madres —tíos y tías, abuelos y abuelas, etc.—, así como educadores, que busquen una lectura motivadora para los más pequeños; para niños que disfruten de los ilustrados y los cuenta cuentos; para aquellos que todavía no les apasione leer, pero que en breve cambiarán de opinión; y, en definitiva, para todos nosotros, que amamos los libros y los cuentos.



Isabel del Río

Febrero 2017

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