No existen sanadores, sí personas, pequeños-grandes guías y maestros que nos ayudan a avanzar, a reconocer y aprovechar nuestro potencial, a encontrarnos a nosotros mismos, a ser autosuficientes y alegres. Libres. Sin miedo.

miércoles, 31 de mayo de 2017

FILOSOFÍA DEL SAMURÁI

FILOSOFÍA DEL SAMURÁI

La sabiduría tradicional de los guerreros japoneses
es una guía espiritual para la vida cotidiana

Isabel del Río e Iván López

El maestro Jocho dio un día esta máxima a su yerno Gomojo:
«Ahora es la hora, y la hora es ahora».
Tradicional japonés

Cuando pensamos en Japón, la imagen que acude a nuestra mente es la de una lucha continua entre el mundo espiritual y el físico que, al final, fluyen con naturalidad por el mismo río. Templos que se alzan en medio de ciudades modernas de altos rascacielos, extraños personajes que parecen sacados de un manga, junto a la misteriosa belleza de las geishas.
Y, en medio de la batalla, encontramos a los legendarios guerreros y su inamovible código: los samurái y el Bushido.

EL CAMINO DEL GUERRERO
Desde los inicios de la historia, la humanidad ha mirado a las estrellas, a la naturaleza que lo rodeaba y a su interior, preguntándose el porqué de su existencia, buscando dioses que contestaran la incógnita del sentido de sus vidas. La filosofía que humildemente tratamos de exponer en estas páginas es una de las muchas respuestas a este enigma que a todos nos inquieta, un do, un camino, un método que nació en un Japón muy distinto al que podemos visitar en la actualidad.
La filosofía de los samurái, su código moral y espiritual, continua vivo hoy en día y, a pesar de ser poco conocido en occidente, sus preceptos pueden sernos muy útiles en el día a día.
Basados en las creencias más ancestrales de Japón —el Sintoísmo— y en el Budismo Zen, prove
niente de China, los samurái se regían por unas normas a las que se aferraban hasta la muerte.
Como en casi todas las facetas del país nipón, lo espiritual y lo físico poseen un límite difuso, y precisamente esa es la magia de la filosofía del samurái, una serie de mandatos que llevan a la superación tanto física como moral. El camino del guerrero que busca la harmonía en todos los sentidos de la existencia.
Una filosofía que nos guía al aquí y al ahora, a la toma de decisiones que construyen una vida plena, y a ser consecuentes con nuestras propias palabras y actos.
“Cuenta una leyenda, que una hermosa Diosa nipona cayó en tristeza por amor, de sus lágrimas brotaron islas que conformaron el archipiélago del sol naciente. Siglos más tarde, surgirían guardianes para proteger sus costas y territorios. Esos guardianes, durante siglos, fueron los samuráis”.
No existe con certeza una teoría sobre el origen de la palabra samurái, pero los historiadores se han puesto de acuerdo en que la más probable sea una variación del verbo japonés antiguo saburau, es decir “servir”.
La palabra samurái aparece por primera vez en el s. VIII para referirse a los sirvientes domésticos, especialmente a aquellos que se encargaban de las personas mayores. Más tarde, derivaría a la imagen marcial que tenemos de ellos, a quienes conoceríamos como tal gracias a las historias de guerras del s. XII, los gunkimono.
En muchas ocasiones, las palabras samurái y bushi nos llegan como sinónimos, pero, mientras que samurái se refiere a los miembros de la élite militar, el bushi sencillamente significa “guerrero”, sin importar rango o jerarquía.

UN POCO DE HISTORIA
La imagen que podemos tener de un samurái es la que películas o mangas nos han presentado: el espadachín, en algunas ocasión el ronin samurái sin amo— que vaga buscando redención o venganza. Pero originalmente, los samurái estaban relacionados con el caballo y el arco o la lanza. Fue durante una época de más paz y bonanza, cuando la espada adquirió la relevancia que hoy le conferimos.
La época dorada del samurái fue en un periodo de gran inestabilidad, cuando los clanes no dejaban de batallar por hacerse con el poder y el control de las tierras. Durante este periodo, llamado Sengoku, el liderazgo estuvo en manos de la élite militar, hasta que en el s. XVII se instituiría el shogunato Tokugawa de mano de Tokugawa Ieyasu.
Fue en esta época cuando se perdió el esplendor del samurái y se redujeron sus privilegios. Un poder militar que desaparecería en la Restauración Meiji del s. XIX, cuando el Emperador retornaría a la cabeza del gobierno.
Históricamente, el estatus de samurái se heredaba de padres a hijos, y éstos, desde pequeños, eran adiestrados para servir con honor y rectitud. De esta manera, los hijos de samurái no sólo aprendían a luchar, sino también la filosofía que les guiaría en la vida.


EL CÓDIGO DEL SAMURÁI

No tengo parientes. Yo hago que la Tierra y el Cielo lo sean.
No tengo hogar. Yo hago que el Tan T'ien lo sea.
No tengo poder divino. Yo hago de la honestidad mi poder divino.
No tengo medios. Yo hago mis medios de la docilidad.
No tengo poder mágico. Yo hago de mi personalidad mi poder mágico.
No tengo cuerpo. Yo hago del estoicismo mi cuerpo.
No tengo ojos. Yo hago del relámpago mis ojos.
No tengo oídos. Yo hago de mi sensibilidad mis oídos.
No tengo extremidades. Yo hago de la rapidez mis extremidades.
No tengo leyes. Yo hago de mi auto-defensa mis leyes.
No tengo estrategia. Yo hago de lo correcto para matar y de lo correcto para restituir la vida mi estrategia.
No tengo ideas. Yo hago de tomar la oportunidad de antemano mis ideas.
No tengo milagros. Yo hago de las leyes correctas mis milagros.
No tengo principios. Yo hago de la adaptabilidad a todas las circunstancias mis principios.
No tengo tácticas. Yo hago del vacío y la plenitud mis tácticas.
No tengo talento. Yo hago que mi astucia sea mi talento.
No tengo amigos. Yo hago de mi mente mi amiga.
No tengo enemigos. Yo hago del descuido mi enemigo.
No tengo armadura. Yo hago de la benevolencia mi armadura.
No tengo castillo. Yo hago de mi mente inamovible mi castillo.
No tengo espada. Yo hago de mi No mente mi espada.


GUERRA Y DIOSES
Llegar a ser samurái implicaba un largo camino y adoctrinamiento, en el que aprendían a superarse y enriquecerse, honrando a sus antepasados, maestros y señores feudales. Los samurái eran entrenados mental, física y espiritualmente desde niños. Entre sus enseñanzas se encontraba el camino del guerrero, una filosofía donde lo divino jugaba un papel de suma importancia.
Las creencias samurái son una mezcla del Sintoísmo —en el que se adora a los kami, espíritus que habitan todos los lugares, cosas y elementos, repleto de ritos y costumbres para honrar a los dioses y los ancestros—, y el Budismo que llegó desde China en el s. VI.
El Budismo Zen busca la iluminación a través de la meditación. Persigue el equilibrio entre cuerpo y espíritu, ayudando a aceptar la vida y la muerte como un camino de transformación. La meditación es una vía que los samurái seguían con rectitud, sintiéndose identificados con esta búsqueda de armonía, de fluir entre vida y muerte.
Junto a esta mezcla de creencias y costumbres, la filosofía del samurái se encontraba con el Bushido o camino del guerrero, el código de honor del samurái. Éste nació en el s. XII, uniendo al Shintoísmo y al Budismo Zen a los preceptos del Confucionismo.
El Bushido aparecería por primera vez en el Hagakure (s. XIII), donde encontramos una serie de consejos prácticos para el buen comportamiento, así como los valores fundamentales del samurái y los temas principales de su credo, donde la muerte es central.
Esta conciencia disciplinada y meditativa está presente hoy en día en muchos aspectos de la cultura japonesa, no sólo en las artes marciales, sino también en la ceremonia del té, en la caligrafía y en el ikebana —arte de los arreglos florales—.


EL ALMA DEL SAMURÁI

Si recurrimos a una fotografía mental, la imagen que tenemos de los samurái es la del espadachín acompañado de dos sables y su hakama —pantalón largo que, en un primer momento estaba destinado a proteger las piernas, y más adelante se convertiría un símbolo de estatus—. Dentro de su credo, la espada siempre tuvo una relevancia fundamental.
Según los samurái, su alma estaba contenida en la espada, con la que vencían a sus enemigos y practicaban la muerte ritual o sepuku, si era necesario. Por ello, le rendían respeto y la  consideraban su posesión más valiosa. En la era feudal, sólo los samurái podían llevar armas y estos no se desprendían de ellas bajo ninguna circunstancia.
Al nacer un samurái, se colocaba una espada en su cama, imagen que se repetía en su muerte y a lo largo de su vida, puesto que dormían con ellas.
Su carácter sagrado empezaba en la forja, donde los artesanos realizaban un estricto ritual con cada una de ellas: vestían kimonos blancos, ayunaban y escribían plegarias a los dioses, ahuyentando a los malos espíritus. Pues al final, una espada no sólo contenía el alma del guerrero que la empuñaba, sino también parte de la de aquel que la había creado.


EL BUSHIDO
En sus inicios, la filosofía del samurái se basaba en el Kyuba no Michi, la vía del caballo y del arco, el cual se convertiría más adelante en el Bushido. El fin último de este código era que el samurái estuviera preparado para actuar en el aquí y el ahora, sin temer a lo que pudiera ocurrir, aceptando la muerte como un paso más de su existencia.
“La vida de un samurái es como la flor del ciruelo, bella y breve. Para él, como para la flor, la muerte es algo natural y glorioso”.
Una de las imágenes más bellas de Japón son los ciruelos y cerezos en flor. Un momento de celebración y festejo que termina cuando éstas se desvanecen para ser dispersadas por el viento.
La sakura es un símbolo del país nipón y, al mismo tiempo, una metáfora de la brevedad de la vida, donde un instante de esplendor da lugar a la inevitable caída de sus pétalos. Es por este motivo que la filosofía del samurái ve en la sakura su emblema. Las flores del ciruelo y del cerezo son la imagen perfecta de la vida y de la muerte del guerrero: vivir el momento, conscientes de que la existencia es transitoria y hermosa, aceptando que tiene un fin y que éste puede llegar en cualquier momento.
La esencia del camino del guerrero está en vivir cada día como si fuera el último. La vida es fugaz y hay que vivir en el presente.

LOS SIETE PRINCIPIOS
El Bushido está dividido en siete principios, los cuales constituyen una guía moral para todos los samurái. Y bien comprendida y orientada, puede servirnos a todos para encarar la vida, como una guía para encontrar el camino a seguir.
“Sed fieles a él y vuestro honor crecerá. Rompedlo, y vuestro nombre será denostado por las generaciones venideras”.
·         GI – Honradez y Justicia
“Se honrado en tus tratos con todo el mundo. Cree en la Justicia, pero no en la que emana de los demás, sino en la tuya propia”.
Para un samurái sólo existe lo correcto y lo incorrecto. Un samurái decide y actúa, aceptando las consecuencias de sus actos.
·     
    YU – Valor heroico
“Álzate sobre las masas de gente que temen actuar. Ocultarse como una tortuga en su caparazón no es vivir”.
Para vivir de forma plena y completa hay que arriesgarse, para ello es preciso tener valor heroico, porque vivir así es peligroso. Pero ser valiente no significa actuar sin pensar, sino que radica en cambiar miedo por respeto y precaución.
·         JIN – Compasión
“Mediante el entrenamiento intenso, el samurái se convierte en rápido y fuerte. No es como el resto de los hombres. Desarrolla un poder que debe ser usado en bien de todos”.
La compasión significa ayudar a aquellos que nos rodean siempre que podamos, aunque tengamos que salir de nuestra senda para encontrar la oportunidad.
·         REI – Cortesía
“Los samurái no tienen motivos para ser crueles. No necesitan demostrar su fuerza. Un samurái es cortés incluso con sus enemigos. Sin esta muestra directa de respeto no somos mejores que los animales”.
La auténtica fuerza del samurái no procede de su fiereza, sino de la manera en que se comporta con los demás y en cómo reacciona ante los problemas.
·         MEYO – Honor
“El auténtico samurái sólo tiene un juez de su propio honor, y es él mismo. Las decisiones que tomas y cómo las llevas a cabo son un reflejo de quién eres en realidad. No puedes ocultarte de ti mismo”.
Tus decisiones y acciones son un reflejo de tu persona, un samurái actuará guiado por su verdadera naturaleza y por los valores que le mueven.
·         MAKOTO – Sinceridad absoluta
“Cuando un samurái dice que hará algo, es como si ya estuviera hecho. Nada en esta tierra lo detendrá en la realización de lo que ha dicho que hará”.
Hablar y hacer son lo mismo. Debemos actuar como si nuestra palabra fuera inamovible, pues cuando decidimos algo con determinación ponemos en marcha todo lo que nos rodea. La ley de atracción actúa con cada uno de nuestros pensamientos.
·         CHUGO – Deber y Lealtad
“Para el samurái, haber hecho o dicho ‘algo’, significa que ese ‘algo’ le pertenece. Es responsable de ello y de todas las consecuencias que le sigan”.
Un samurái es dueño de sus palabras y actos y, por tanto, de sus consecuencias. Nunca “tirará la piedra y esconderá la mano”. Además, es totalmente leal a aquellos que están junto a él y bajo su protección y cuidado.

EL LIBRO DE LOS SECRETOS
El Hagakure o Libro de los secretos de los Samuráis es el primer libro donde podemos encontrar el código de los samurái a través de una serie de pensamientos, historias, recuerdos y preceptos que su autor, Jocho Yamamoto, recogió y aunó en sus páginas.
En esta pequeña joya clásica, Yamamoto nos habla de las limitaciones humanas, en especial de su ignorancia, y dirige al individuo, a través de una serie de normas, para que se convierta y actúe como un samurái, superior espiritual y moralmente al resto de hombres.
“Es importante que reprendamos y corrijamos a los demás por sus errores. (…) Pero es necesario que nos esforcemos en hacerlo de forma adecuada. Es, en efecto, muy cómodo encontrar las cualidades y las imperfecciones en la conducta de los demás. Igualmente fácil es criticar. La mayoría de las personas se imaginan que si les dicen a los demás lo que no quieren escuchar, lo hacen por deferencia hacia el otro; y si sus críticas tienen una mala acogida, consideran que el otro es incorregible. Tal forma de pensar carece de razón”.
En el Hagakure ya percibimos el credo del Bushido, donde nos habla de la verdadera esencia de las personas, del esfuerzo, del honor y de la dignidad.
 “La mejor actitud que se puede tener con respecto a la palabra es la de no usarla. Si creéis que podéis pasaros sin ella, no habléis (…)”.
Junto a datos históricos reales, encontramos fábulas de gran belleza e ironía, en las que el mensaje de fondo toca, atemporalmente, a todas las sociedades.
“Había un hombre en China al que le gustaban mucho las figuras con forma de dragón. Toda su ropa y sus muebles estaban decorados con ese motivo.
El dios de los dragones se enteró de esta profunda afición, y un día le envió un dragón auténtico para que se acercara a su ventana. Se dice que el hombre, al verlo, murió de espanto…
Seguramente se trataba de un brillante charlatán que, cuando llegó el momento de la verdad, reveló su auténtica esencia”.
Entre sus líneas hallamos una serie de fórmulas que nos dan claves para vivir nuestro día a día en el momento y con autenticidad. Vivir por vivir no tiene valor, según Yamamoto, lo realmente importante es hacerlo con sentido y decisión.
“Sea cual sea la meta, nada resulta imposible cuando se está decidido. Incluso es posible remover cielo y tierra como se quiera. Pero cuando el hombre no tiene «el corazón en el vientre», carece de determinación. Remover cielo y tierra sin esfuerzo es una simple cuestión de concentración”.
“A fin de cuentas, lo único importante es la resolución del momento. Un samurái está tomando una decisión tras otra, y el conjunto de todas ellas llena por entero su vida. Una vez que ha comprendido esta regla fundamental, no manifiesta impaciencia por buscar otra cosa que no sea el momento presente. Su existencia se va desenvolviendo serenamente, concentrándose en sus propias decisiones (…)”.
Gracias a estos pequeños fragmentos biográficos de personalidades de la época, podemos descubrir la verdadera esencia de los samurái:
 “Si se ha de resumir en pocas palabras la condición del samurái, yo diría que en primer lugar se halla la devoción en cuerpo y alma a un maestro. En segundo lugar, le es necesario cultivar la inteligencia, la compasión y el valor. (…) En tercer lugar, en lo que concierne al aspecto exterior, es necesario cuidar la presencia, la forma de expresarse y perfeccionarse en el arte caligráfico. Todo ello debe constituir un trabajo cotidiano, que es necesario mejorar mediante una práctica incesante. En el fondo, es necesario sentir dentro de uno la presencia de una fuerza serena. (…) En resumen, ser un samurái es muy sencillo. Si miráis a aquellos que, actualmente, muestran alguna utilidad, os daréis cuenta que han aunado esas tres condiciones”.
Y es en esa esencia donde hallamos su filosofía primordial, la cual, adecuada a nuestra propia vida, rompe con la rutina y nos muestra otra manera de encarar la existencia como algo maravilloso, valioso y volátil.
Tenemos tendencia a pensar que la vida diaria difiere de lo que es un momento crítico. Por eso, cuando llega el momento de actuar, jamás nos encontramos dispuestos.”
La palabra “ignorancia”, tema que se repite en la narración, viene a significar ausencia de iluminación, es decir: ilusión. Según el Hagakure la vida es como un sueño en que somos marionetas sin hilos.
 “La vida humana no dura más que un instante; es necesario tener la fuerza de vivirla haciendo aquello que nos guste más (…)”.


EL ARTE DEL SAMURÁI
Una de las facetas menos conocidos de estos guerreros-filósofos era su capacidad para apreciar la belleza de lo efímero e imperfecto.
Este aspecto casi desconocido de los samurái se iniciaba en su adoctrinamiento, puesto que entre sus prácticas diarias se encontraban distintas actividades artísticas, como la música o la caligrafía. Su dominio de la estética y la literatura dependía de su rango, pero todo samurái era instruido en ellas.
Fue tal su interés por el arte que, algunos llegaron a la historia por sus grandes aportaciones en este campo. Entre ellos podemos encontrar a Toyotomi Hideyoshi, a quien debemos el arte de la ceremonia del té.


EL LIBRO DE LOS CINCO ANILLOS
El Go Rin No Sho es una obra escrita por el legendario samurái Musashi Miyamoto, quien expone las bases del camino vital que ha de guiar al guerrero, o Bushi, persiguiendo el conocimiento, la eficacia y la libertad de espíritu.
En los cinco libros que componen la obra de Musashi encontramos un mensaje que sigue las aguas del Tao, dedicando cada uno de ellos a uno de los elementos que forman todo cuanto existe:

La Tierra es la base de todo,
el Fuego la energía,
el Agua da la vida
y el Viento el movimiento.
Pero el Vacío es la esencia
de los Cuatro Elementos.

Mushashi traslada estas reflexiones a la vida diaria, donde se da la cotidianidad del guerrero y la ética se pone de manifiesto. En sus páginas encontramos una serie de puntos fundamentales para la moral diaria del samurái, entre las que podemos resumir:
  • Evita los pensamientos deshonrosos y la crítica.
  • Entrena y practica a diario.
  • Estudia todo tipo de artes y conocimientos.
  • Desarrolla el juicio intuitivo y la percepción más allá de los sentidos.
  • Presta atención a los detalles.
  • No dediques tiempo a cosas o pensamientos inútiles.

Isabel del Río e Iván López

Publicado en la revista Integral nº 430

miércoles, 24 de mayo de 2017

Educar Jugando #2: Juegos clásicos y educación temprana

Educar Jugando:
Juegos clásicos y educación temprana
Rescatar los juegos del desván para propiciar el aprendizaje de los más pequeños.
por Isabel del Río e Ivan López

Algunos tenemos una biblioteca de juegos bien surtida, otros, en cambio, justo empezamos, pero si estás leyendo este artículo es porque quieres descubrir las posibilidades educativas y lúdicas a tu alcance.
Sea cual sea nuestro perfil, todos tenemos algún clásico en casa, ya sea un ‘Dominó’ de los abuelos, un ‘Quién es quién’ olvidado en un rincón, el ‘Rummy’ que nos regalaron aquellas navidades, o el ‘Tres en Raya’ que nos hizo nuestro sobrino con botones. Y en este artículo queremos desempolvarlos y explicar cómo los juegos de nuestra infancia pueden ayudar a nuestros hijos a aprender desde los colores y los números, a las partes del cuerpo e inglés. Así como aproximaros al concepto de la estimulación temprana.


Como ya explicábamos en el artículo anterior, con esta serie de posts pretendemos responder a las dudas más habituales en las familias sobre cómo educar jugando —de ahí el título general—, así como responder más concretamente a aquellos que nos habéis escrito y preguntado sobre juegos de mesa y su aplicación en el aprendizaje.
Antes de empezar, quiero recalcar que cada niño es un mundo; algunos aprender una cosa súper rápido mientras a otro le cuesta más captarla, pero es genial en otro área. No todo sirve igual, cada individuo es diferente, por lo que no debemos forzar a nuestros hijos si vemos que no se están divirtiendo, lo último que queremos es frustrarlos. Y, si no quiere jugar a lo que proponemos, pasaremos a otra actividad y le preguntaremos si tiene alguna preferencia. Debemos respetar la personalidad única de nuestros hijos y dejarles crecer a su ritmo, nuestra tarea es la de mostrarles las herramientas para que sean las maravillosas personas que ya vemos en ellos.

La plasticidad cerebral y el desarrollo neuronal
La neuropediatría, o estudio del desarrollo neuronal en los niños, investiga el complejo proceso de maduración del sistema nervioso para la adquisición de las distintas habilidades humanas. El sistema nervioso humano tarda muchos años en madurar, por lo que es mucho más flexible que el de otras especies y de ahí nuestra riqueza cultural.
La plasticidad cerebral es la capacidad que tiene nuestro cerebro para modificarse con el aprendizaje, y depende de la edad y de la experiencia.  La mayoría de niños aprenden de su entorno las habilidades básicas: como hablar, relacionarse con los demás, andar… Sólo necesitan un ejemplo, es decir, personas que lo hagan en su entorno para poder imitarlo.
Nuestra capacidad para aprender dura toda la vida, pero disminuye con la edad, y aquellas habilidades que no necesitamos para la supervivencia básica, como las culturales leer e interpretar textos, otros idiomas además del materno, música y arte, matemáticas, entre otras requieren de un esfuerzo activo para llegar a aprenderlas. Si bien es cierto que podemos aprender alemán a cualquier edad, es necesario que esa área del cerebro esté madura para poder hacerlo, y ese es un trabajo que debemos realizar en edades tempranas para que esto sea así.
Aunque suene un poco fuerte, existen períodos críticos para ello, pues si no adquirimos una habilidad en el momento óptimo de madurez cerebral, después nos será mucho más difícil aprenderla. Por ejemplo, un bebé que escucha varios idiomas desde antes de su nacimiento pues los niños empiezan a recibir estímulos en el vientre materno tendrá más facilidad después a la hora de aprender nuevos idiomas; según múltiples estudios, los niños bilingües tienen más facilidad para aprender otros idiomas que los que sólo hablan y leen la lengua materna. 
Es por este motivo que los primeros años de vida son vitales para su desarrollo y es fundamental comenzar a estimularlos desde el nacimiento e incluso en el vientre materno. Y, a pesar de que los pediatras recomiendan empezar con la estimulación motriz, también podemos ir introduciendo actividades que fomenten el desarrollo de habilidades comunicativas, emocionales y cognitivas.   
Lógicamente, un bebé recién nacido o dentro de la tripita de su mamá no podrá jugar a ningún juego de mesa con nosotros, pero podemos estimularlos leyendo y cantando, poniéndoles música se ha demostrado que la clásica mejora la capacidad de aprendizaje, propiciando la calma y la concentración, con caricias y masajes; además de tenerlos sobre nuestras rodillas durante los momentos de juego, ya que las formas, colores, conversaciones y risas, les estimulan para ir adquiriendo experiencia de lo que les rodea. 
Debemos tener en cuenta que la estimulación del niño y su educación no sólo debe ser algo que se haga en la guardería o en el colegio, sino que ha empezar y continuar en casa, y el juego es el medio ideal para ello, pues les permite comunicarse libremente, experimentar, investigar, adquirir nuevas habilidades y conocimientos, crear lazos afectivos fuertes, y todo sin darse cuenta, pues los niños, mientras se divierten, no se preocupan de si sus padres intentan que aprenda vocabulario o matemáticas.
Los juegos para la estimulación temprana captan la atención con colores, formas y sonidos llamativos. Los elegiremos según su edad, nivel y el campo de conocimiento que queramos trabajar. Con ellos adquirirán y mejorarán habilidades, además de adquirir conceptos básicos, algo que se traduce en un mejor rendimiento en clase. Porque aprender mediante el juego puede parecer magia, pero es la manera más sencilla y divertida de involucrarlos en su propio proceso de aprendizaje.

¿Qué es la estimulación temprana?
En época de nuestras abuelas e incluso de nuestras madres se creía que los recién nacidos no podían relacionarse con el mundo exterior, que sólo comían, manchaban pañales y dormían. Pero hoy en día sabemos que el niño necesita dialogar con el mundo para desarrollar sus capacidades de forma adecuada, y el juego desde las etapas más tempranas es imprescindible para ello.
Un bebé recién nacido no podrá participar en juegos de mesa, pero con el contacto de la piel materna, con su voz, los sabores y olores que le transmite el entorno, así como lo que puede ir captando visualmente, estimula su crecimiento intelectual y emocional además de mejorar también su salud, pues un niño al que se abraza y con el que se interactúa estará más fuerte y sano que uno que pase el día en su cuna. 
La estimulación temprana consiste en una serie de actividades y técnicas que ayudan al niño de 0 a 6 años, sin importar su género, es decir, es exactamente igual para niño y niña a desarrollar al máximo sus capacidades físicas, psíquicas, cognitivas, emocionales y sociales, así como a evitar posibles estados no deseados en su desarrollo estas técnicas también se aplican en niños con trastornos, pues así estimularemos su capacidad para compensar cualquier problema. Estos ejercicios se aplican desde el nacimiento hasta los 6 años, pues es el momento de mayor plasticidad cerebral, y utilizan el juego como base.    
Estas actividades se enfocan en cuatro áreas principales:
·         Cognitiva: el niño necesita experiencias para comprender, adaptarse y superar las situaciones con las que se encuentre en el futuro. Le enseñan a interactuar con el mundo que lo rodea, así como a razonar en distintos niveles de pensamiento, a concentrarse en las situaciones dadas, a reaccionar y seguir normas e instrucciones.
·         Motriz: comprende la relación entre lo que se ve y lo que se toca, así como la capacidad de moverse de un lado a otro. Para poder desarrollarla, el niño necesitará poder manipular sustancias y objetos en los primeros meses es importante que pueda llevárselas a la boca, pues el mayor órgano de reconocimiento a esa edad es la lengua, y es por ella por la que adquiere la información, además de explorar y desarrollar su curiosidad estableciendo unos límites para evitar riesgos innecesarios.
·         Lenguaje: se desarrolla desde antes del nacimiento, pues los niños pueden entender muchas palabras antes de poder decir nada con sentido, y los gestos hablan mucho más de lo que creemos. Es la habilidad que permite al niño comunicarse y consta de la capacidad: comprensiva, expresiva y gestual. Gran parte del conocimiento en esta área lo adquieren por asociación, es decir, si nos ven señalando un objeto y diciendo su nombre, entenderán que eso se llama así.
·         Socio-emocional: los primeros vínculos afectivos con sus padres o tutores son imprescindibles para que adquieran seguridad y autoestima, además de aprender cómo comportarse con el resto de personas, tomándonos como ejemplo; según cómo nos relacionemos con él y con otros frente a él, el niño aprenderá a hacerlo por sí mismo. Además, adquirirá los valores familiares y las reglas sociales, sin olvidar algo importantísimo: reconocer, aceptar y aprender a manejar nuestros propios sentimientos de forma autónoma.
Desde que tenemos al niño en nuestros brazos, hemos de empezar a jugar con él. Como hemos comentado, al principio no serán propiamente juegos al menos no para nosotros, pero lentamente podremos ir introduciendo distintos elementos y mecánicas. Todos, incluso los adultos, necesitamos jugar, así que, ¿por qué no aprovechar y divertirnos juntos? 

¿Por qué, cómo y cuándo?
Recapitulemos. Durante los primeros años del niño hasta los 6 años, el cerebro tiene una capacidad sorprendente para cambiar y aprender, evolucionando continuamente, y estableciendo conexiones neuronales con mayor facilidad y eficacia, porque es el momento crítico de plasticidad. Pasado ese periodo, esta capacidad mengua, por lo que la estimulación temprana adquiere relevancia para conseguir el mayor número de conexiones, además de mantener el funcionamiento óptimo mediante sus ejercicios y actividades.
Los primeros meses son cruciales, pues se perfecciona la actividad de los sentidos, así como la capacidad para relacionar lo que vemos, sentimos y escuchamos con lo que nos rodea, reconociendo formas, colores y sonidos.
Para desarrollarse, el cerebro necesita información, los estímulos de día y de noche permiten a los bebés recibir estos imputs, por lo que es importante que reciba una estimulación de buena calidad para desarrollar adecuadamente sus capacidades, escuchando la voz de la madre, con el olor de la leche y las caricias, convirtiéndose lentamente en juegos que introducirán distintos conceptos y animarán al bebé hacia distintas habilidades. 
En ningún momento intentamos desarrollar a un niño precoz o adelantado a su edad natural, sino estimularlo de forma oportuna, ofreciéndole un amplio abanico de experiencias que sienten las bases para futuros aprendizajes.
Hay que tener en cuenta que los factores ambientales y biológicos —desde la nutrición a su salud física, así como los psicológicos, sociales y culturales —los vínculos afectivos, la atención que recibe, la interacción con el ambiente son factores fundamentales en la maduración de sus conductas y habilidades, así como en el desarrollo de las distintas estrategias de adaptación y comunicación.

Etapa de desarrollo
Edad
Correspondencia con estructuras las cogniscitivas
Periodo sensoriomotor
1 a 2 años
Se percibe el mundo con base a sus sensaciones y sus movimientos.
Periodo preoperacional
2 a 7 años
Puede realizar operaciones de raciocinio elemental.
Periodo de operaciones concretas
7 a 11 años
Puede fijar ideas sobre una experiencia.
Periodo de operaciones formales
+11 años
Realiza operaciones formales y tiene capacidad para la generalización y la abstracción.

Para el bebé de 0 a 1 año, los principales ámbitos de aprendizaje y estimulación son las percepciones sensoriales, la manipulación del entorno, el contacto con las personas de su mundo y la coordinación del movimiento, por lo que los juegos han de ser sencillos, de dimensiones grandes y sin piezas pequeñas, de materiales resistentes y naturales, con colores llamativos y formas reconocibles todavía mejor si pueden hacer ruidos.
El bebé de 1 a 3 años, etapa de evolución hacia lo que consideraríamos como niño, pasa por cambios importantes en el razonamiento, la socialización, la coordinación y el lenguaje, así que buscaremos distintos juegos que les ayuden en estas áreas, interactuando de forma activa y proponiéndoles retos divertidos.

Educación y diversión
El desarrollo del niño está muy influenciado por su entorno y las personas que están a su cargo tanto en casa como en clase. Sus valores y capacidad para dominar y expresar sus sentimientos, para ser independiente, dependerá de ello. Por lo que es importante estimularlos para realizar actividades en las que puedan satisfacer su curiosidad e iniciativa, así como adquirir mayor grado de autonomía que después repercutirá en su vida diaria: a la hora de comer, de vestirse y asearse, de recoger los juguetes…
No hay que olvidar que la primera finalidad del juego es divertirse. El juego debe parecer divertido, el niño ha de querer jugar, le ha de apetecer. Nunca escogeremos juegos según su género, no existen juegos de mesa para niños y otros para niñas —igual pasa con los juguetes, las lecturas, las películas, etc. Pero sí que tendremos en cuenta la edad, nivel y etapa del niño para ayudarle a escoger juegos que fomenten aquellos conocimientos y habilidades que es interesante potenciar.
El juego es el momento ideal para enseñar límites, normas y conductas sociales. Para jugar es necesario respetar turnos y compartir. Debemos explicar las reglas y mecánicas de forma sencilla y clara, y asegurarnos de que las han
entendido; tanto sean normas escritas como si nos las inventemos nosotros, debemos estar de acuerdo y negociar los aspectos que sean necesarios.
Elegiremos un momento tranquilo para jugar con nuestro hijo, asegurándonos de que no esté cansado o sobrecargado de estímulos. Decidiremos el juego siguiendo lo explicado anteriormente y, si es posible, con ayuda del niño. El rato de juego debe ser un momento agradable en familia, por lo que podemos poner música, y la risa es fundamental; recordemos que los niños aprenden las conductas sociales por imitación, así que saber aceptar la derrota y ganar con deportividad, es algo que recibirán directamente de la experiencia.
Si es posible, podemos establecer un día a la semana para jugar juegos de mesa en familia, o alguna hora al día de divertimiento entre padres e hijos.

¡Los clásicos al rescate!  
Como decíamos al principio de este artículo, todos tenemos algún juego de mesa por casa o donde los abuelos y los tíos. Existen diferentes tipos, pero la mayoría dejan espacio para la creatividad, así como para inventarnos distintas formas para aprender con ellos.
Cada juego tiene una función distinta en el desarrollo infantil, pues estimulan distintas áreas y fomentan diferentes habilidades, pero siempre es divertido dejar que los niños inventen y utilicen su propia imaginación como ya comentamos en la reseña de ‘Mi primer frutal’ (LINK).
Los juegos de mesa clásicos, no sólo son un pasatiempo ideal, sino que son muy eficaces para la estimulación temprana a partir de 2 años. Además, al constituir un reto, mantiene motivado al niño, aprendiendo nuevas formas, colores, letras… Y también sirven para la psicomotricidad.
Max lleva participando en juegos de mesa desde antes de tener 1 año y medio, pero como comentábamos al inicio, cada niño es un mundo, y según los expertos, es a partir de los 2 años que el niño empieza a comprender ciertas normas. Por lo que no es necesario correr, pero si tu hijo te lo pide y quiere más, tampoco le frenes.
A continuación expongo algunos juegos*, que muchos tenemos a nuestro alcance, y cómo utilizarlos para la estimulación temprana y la enseñanza:
·         Los Dados. Max se volvía loco con ellos, así que le compramos dados grandes —del tamaño de su mano con distinta cantidad de caras, con números, con dibujos, con colores y con puntos.
Con ellos empezamos a hacer turnos primero los tiraba Max, después mamá y luego papá. Reconocimos los dibujos, más adelante los números y, finalmente, aprendió a contar los puntos.
Este juego se puede ir ampliando, por ejemplo, si un dado tiene el dibujo de: un pato, un tambor, un vaso, una bota, etc. Podemos utilizar juguetes y peluches para representar las ilustraciones y que el niño los vaya tomando según salgan como resultado.
También podemos jugar con Lacasitos y galletas, si aciertan el número, pueden tomar uno, ¡o el número que salga en el dado! Eso les encanta.
Con Max también hemos utilizado los dados normales que teníamos por casa, pero le compramos más grandes porque le gustaba metérselos en la boca, y así evitábamos sustos. Lo bueno de los dados es que es un juego que permite muchas variaciones, que les encanta porque los tiran, hacen ruido, ruedan y rebotan, y con ellos pueden aprender desde números, formas y colores, a matemáticas y vocabulario, además de mejorar su psicomotricidad.
·         El ‘Quién es quién’. Ese tablero lleno de caras ante el que todos hemos pasado alguna tarde de nuestra infancia, es ideal para los más pequeños; incluso existe el tamaño viaje por si queremos utilizarlo en las vacaciones.
Con este juego, Max aprendió las partes del cuerpo, a reconocer entre hombre y mujer, colores en el pelo y los ojos, y nombres de distintos complementos; además de diferenciar la individualidad.
Nosotros tenemos uno de viaje, así que yo tomaba las cartas con las caras de los personajes, Max tenía un tablero con todos los rostros, y le describía una imagen al azar hasta que él daba con el personaje. Puede jugarse a dúo, pero siempre va bien que otro adulto esté con el niño, al menos las primeras veces, para bajar las caras que no se adecuen con la descripción.
·         El ‘Operación’. Este es uno de los preferidos de Max, ¡le encanta hacer que pite! ¡¡Es un médico pésimo!! Con este juego ha aprendido a distinguir derecha de izquierda, así como practica su psicomotricidad. Nosotros tenemos una versión de viaje, por lo que ha de meter unas monedas en unas ranuras, que coinciden con brazos y piernas, y después, con una jeringuilla, llevarla hasta el centro del tablero; supuestamente sin que pite, pero qué le vamos a hacer si le encanta.
Este juego también cuenta con unas cartas en que aparece un brazo o una pierna, derecha o izquierda, con un color y un número. Nosotros lo jugamos de la siguiente manera: primero el niño toma una carta, distingue qué parte del cuerpo es y si se trata de diestra o zurda, para después señalarla en el tablero, en sí mismo y en el resto de participantes. Luego dice el color y el número de la carta. Finalmente, coloca la moneda y la lleva al centro del tablero. ¡Las risas, y el aprendizaje, están asegurados!
·         El ‘Parchís’. Este clásico es perfecto para enseñar normas, a respetar turnos, a reconocer números en el dado y a contar, así como para aprender colores. Además hay miles de diseños, nosotros tenemos uno con pitufos, y cuando nos cansamos de jugar con las reglas del juego, hacemos que los pitufos vayan de visita a la casa del vecino.
·         El ‘Mixmo’. Este juego es mucho más avanzado, se trata de aprender las letras y, más adelante, a componer palabras y frases. Max, por ahora, domina casi todas las letras, así como su nombre y palabras sencillas como “mama” o “papa”, pero lentamente va aprendiendo.
Es una buena forma de empezar a familiarizarlos con el abecedario en mayúsculas y facilitarles más adelante el aprendizaje de la lectura, pero sin forzar, ¡sólo es un juego! También podemos aprovechar para cantar canciones de abecedario en su lengua materna, e introducir nuevos idiomas.
·         El ‘Rummy’. ¡¡Otro que le encanta a Max!! Este lo lleva utilizando desde hace mucho tiempo, aunque no porque nosotros se lo ofreciéramos, sino porque lo cogía él mismo de la estantería.  
Se trata de un juego con fichas con números y algunas con una Luna, que sería el comodín. Quizá porque Max ya estaba muy familiarizado con los números por los dados, el ‘Rummy’ le llamó la atención desde el principio, y le encanta ordenar las fichas del 1 al 12, y recitarlos en castellano, catalán e inglés.
·         El ‘Tres en Raya’. A éste jugamos según las normas. Ahora Max tiene casi 3 años, pero empezamos con él a los 2 años y medio. Primero no entendía muy bien cómo jugar, pero al ver cómo lo hacía yo, explicándole tranquilamente cuándo lo hacía bien y cuándo no, ha ido aprendiendo, ¡y el otro día me ganó! ¡¡Y yo era imbatible en este juego!! Jajajaja
El Tres en Raya nos permite fomentar la competitividad sana, la capacidad para asumir la derrota, así como a ganar con deportividad. También aprendemos conceptos y habilidades espaciales, lógica y matemáticas.

En la práctica
Los niños son como esponjas que absorben lo que les rodea, ya sea bueno o no-tan-bueno, por lo que debemos cuidar las relaciones, comportamientos y estímulos que reciben a diario, y fomentar el desarrollo de sus capacidades según su propio ritmo.
Este artículo ha querido ser una introducción a la estimulación temprana, la capacidad de aprendizaje de los niños desde los 0 a los 6 años de edad, y a cómo utilizar las herramientas a nuestro alcance para ofrecer la mejor educación y apoyo que podamos para que se conviertan grandes personitas.
Agradecemos vuestra opinión sobre este y el resto de artículos, y si tenéis alguna duda, estaremos encantados de responderla, en la medida que nos sea posible.

*Todos estos juegos han de realizarse bajo la supervisión y colaboración de un adulto. Muchos de ellos contienen piezas de un tamaño no adecuado para -3 años, por lo que hay que tener especial atención si a tu hijo le gusta llevarse las cosas a la boca, nariz u orejas.

Sobre los Autores:
Isabel del Río (Barcelona, 1983), terapeuta y escritora, licenciada en filosofía por la UAB, Maestra Reiki Federada y Fitoterapeuta Titulada. Trabaja en el mundo editorial, literario y cultural. Colabora con la revista Integral. Atiende una pequeña consulta de terapia holística e integral en Barcelona. Y realiza talleres de escritura y crecimiento personal por toda España —especializada en trastornos afectivos y emocionales, así como en educación infantil-juvenil.
Junto a su pareja, Ivan López (Barcelona, 1984) —artista marcial y especialista en juegos de mesa—, cría, educa y mima a su hijo Max, de casi 3 años.


Aprender Jugando en Juegos de Mesa y Rol: